DIRECTRICES DE POLÍTICA SOCIAL
I. Situación de partida
Nuestro presente está caracterizado por cambios a nivel nacional e internacional en el mundo entero:
- Las sociedades industriales se encuentran en un proceso de transición hacia sociedades de servicio post-industriales. Las sociedades agrarias introducen y/o extienden formas de producción industriales, las cuales, a su vez, conducen a la introducción de servicios modernos. Existe, por un lado, un exceso de oferta de bienes y servicios en los países industrializados, mientras que, por otro lado, una gran parte de la población mundial carece de esta oferta. Esta situación exige - tanto a las personas como a las naciones - un permanente compromiso de cooperación y compensación.
- Nuevos inventos de distintos tipos y nuevos avances tecnológicos facilitan ampliamente las comunicaciones entre las personas y los estados. Esto puede contribuir a que se dé y se refuerce la mutua solidaridad. Pero, al mismo tiempo, la expansión cuantitativa y el mejoramiento cualitativo de las redes de información y comunicación provocan nuevos peligros. Las personas podrán perder parte de su libertad, las sociedades podrán ser manipuladas y las culturas podrán ser privadas de sus valores propios. Ante esta evolución de las cosas, los responsables deben estar alerta.
- Tanto en las sociedades agrarias, como en las sociedades industriales y de servicio se le atribuye a la naturaleza un creciente valor propio. Por otra parte, la limitación de los recursos naturales determina en el hombre una nueva forma de pensar y de actuar. Paso a paso, la conservación y el cultivo adecuado de la naturaleza son considerados, a nivel internacional, como valores ecológicos fundamentales que deben exigirse.
- Se multiplican los compromisos económicos, sociales y ecológicos a nivel local, regional y nacional y a través de ellos se dan nuevas dependencias, pero también nuevas oportunidades. Se extienden nuevas corrientes religiosas fundamentalistas. Los sistemas políticos colectivistas tradicionales se están disolviendo. Se abren nuevas oportunidades a la libertad responsable de las personas; pero, simultáneamente, crece la obligación de participar activamente en la estructuración de nuevas áreas y dimensiones políticas.
- Los cambios señalados - y dentro de ellos, sobre todo, las nuevas posibilidades que las transformaciones de los antiguos sistemas políticos ateos han abierto en el campo de la libertad religiosa - requieren de la Iglesia un nuevo despliegue a nivel mundial para acercar a los hombres a la buena nueva del evangelio. Este desarrollo conlleva también nuevas tareas para promover la paz entre los pueblos.
II. La concepción propia y las bases sociopolíticas de la Obra Kolping
- La Obra Kolping, fundada y plasmada por Adolfo Kolping, es una asociación libre de cristianos comprometidos, que se distingue por su carácter familiar y que acompaña la vida de sus miembros. Los principios, objetivos y actividades de Adolfo Kolping constituyen la base de la Obra Kolping como comunidad democrática de formación y de acción, a nivel local, nacional e internacional.
- La Obra Kolping es una asociación social católica autónoma y autorresponsable. Su fundamento al que no puede renunciar, está constituido por el mensaje de Jesucristo, por las iniciativas sociales y toda la obra de Adolfo Kolping, por las proclamaciones sociales de la Iglesia y por diversos documentos del Concilio Vaticano II.
- La Obra Kolping se entiende a sí misma como parte del pueblo de Dios, por lo cual se considera como parte de la Iglesia en la sociedad y, al mismo tiempo, parte de la sociedad en la Iglesia. Para el trabajo de la Obra Kolping tiene especial importancia la unión con la jerarquía de la Iglesia tal como la vivió Adolfo Kolping en su condición de sacerdote de la arquidiócesis de Colonia y tal como ésta se expresa hoy a todos los niveles de la Asociación y en todos los países, en los que trabaja la Obra Kolping, a través de los Asesores Eclesiásticos, es decir, de los sacerdotes, diáconos o de otros colaboradores encargados oficialmente de tareas pastorales en sus respectivas diócesis o parroquias. Además, forman parte importante de las bases, las determinaciones expresadas en la constitución dogmática sobre la Iglesia, que revela el concepto que la Iglesia tiene de sí misma, y en el decreto sobre el apostolado de los laicos.
III. Misión y responsabilidad de la Obra Kolping frente a la historia
Del concepto propio que la Obra Kolping tiene de sí, se desprenden su misión y su responsabilidad frente a la historia:
- Con el comienzo de la era de la industrialización surgieron, sobre todo a partir de los años cuarenta del siglo XIX, numerosas situaciones nuevas de miseria. Adolfo Kolping trató de paliar esas necesidades sociales. La Asociación de Jóvenes Artesanos ayudó a reducir tendencias individualistas y dio lugar a nuevas comunidades: la ayuda para la autoayuda fue la piedra angular de estos esfuerzos. Adolfo Kolping invitó a los jóvenes a una participación voluntaria y responsable.
- Hoy día, el hombre en el mundo entero sufre necesidades similares y otras nuevas. Es la misión histórica de la Obra Kolping, compartir y difundir su experiencia respecto a la ayuda para la autoayuda contribuyendo, de este modo, a una configuración responsable de nuevas realidades.
- Las tendencias individualistas del siglo pasado fueron también causa del surgimiento de diversas tendencias racionalistas, en parte incluso ateas. La opinión pública despreciaba las prácticas de la fe cristiana, se burlaba y se mofaba de ellas. Adolfo Kolping entendió que estos hechos y la forma en que las cosas habían evolucionado, constituían otra causa más de la miseria social. De manera consecuente, exigió una renovación del pensamiento y animó a los miembros de su Asociación a tener el valor de manifestar públicamente su cristianismo.
- En el presente, se puede constatar una pérdida de fe que tiene múltiples razones; una de ellas es el hecho de que en sistemas no democráticos, muchas veces, la fe cristiana y la vida de acuerdo con esta fe han estado o siguen estando expuestas a sanciones.
Por eso, la misión histórica de la Obra Kolping hoy incluye también la obligación de ofrecer a las personas que se encuentran en un proceso de búsqueda religiosa, las ayudas existenciales de la fe. En y a través de la Obra Kolping, la persona renovada en la fe también tiene que contribuir, responsablemente, a la solución de los problemas inherentes a la nueva situación y a la superación de la miserias que sufre el ser humano. Por eso, le corresponde a la Obra Kolping la tarea de hacerse responsable de que el aporte histórico de Adolfo Kolping pueda transmitirse a nuestro tiempo. También hoy es posible, aliviar las nuevas necesidades sociales del hombre a través de una renovación del pensamiento.
- En el siglo pasado, el individualismo y el ateísmo destruyeron también las relaciones comunitarias. Familias, parroquias, gremios profesionales, comunidades vecinales y otros sufrieron las consecuencias. El proceso hacia el individualismo - que comenzó particularmente en Europa - continúa actualmente en otros países. La pérdida de los lazos sociales significó también la pérdida de las redes de apoyo social en caso de necesidad. La Asociación de Jóvenes Artesanos estaba concebida como una nueva comunidad, tal como es el concepto de la Familias Kolping hoy. Sin embargo, a la vez, Adolfo Kolping insistió tenazmente en la necesidad de una red de apoyo social totalmente nueva a través de medidas socio-políticas cuya implementación exigía a los legisladores.
- En muchos países, hoy la Obra Kolping sola no basta para que a través de las relaciones comunitarias que ofrece, puedan aliviarse o incluso superarse las nuevas necesidades. Por ello, la Obra Kolping insta a los organismos nacionales e internacionales a tomar los acuerdos y las medidas legales pertinentes. Las nuevas necesidades en todo el mundo deben ser aliviadas también por medio de una legislación adecuada. Si la Obra Kolping quiere ser fiel a su misión, debe comprometerse, con fuerza y de manera explícita, para que este postulado se cumpla.
- En el pasado, en el presente y en el futuro, es y ha sido siempre misión y responsabilidad de la Obra Kolping, contribuir al alivio y a la superación de las necesidades que el hombre sufre dentro de los distintos contextos sociales de su vida, sobre todo el hombre que trabaja en forma dependiente. Los medios que la Obra Kolping emplea de manera específica para alcanzar este objetivo, han sido y siguen siendo la ayuda para la auto-ayuda, la apertura de nuevos accesos a la fe, así como los constantes esfuerzos por lograr las necesarias medidas legales.
IV. Contenidos esenciales de la misión de la Obra Kolping
Tanto de la concepción que la Obra Kolping tiene de sí misma, como de sus fundamentos se desprenden ciertos contenidos esenciales que necesariamente deben formar parte de estas directrices político sociales, si la Asociación pretende realizar responsablemente su misión histórica. Estos contenidos son los siguientes:
- La dignidad de la persona como punto de partida
La dignidad singular del hombre como persona no puede ni debe ser derogada por medio de ninguna norma ni ley. Los derechos humanos - en especial, la libertad de fe, de religión y de conciencia, así como el derecho a la vida - son inviolables e irrenunciables y deben ser respetados incondicionalmente por los organismos legislativos tanto nacionales como internacionales.
Cualquier norma o ley legislativa que no corresponda a estos requisitos mínimos, no alivia las necesidades existentes sino que provocará necesidades nuevas y más grandes.
Mientras más grande sea la libertad que la persona humana en una sociedad pueda ejercer responsablemente, menos necesidades apremiantes sufrirá en ella.
- La familia como núcleo primario
La familia como núcleo primario de toda comunidad humana debe conservarse y fortalecerse por medio de la legislación pertinente. Para superar numerosas arbitrariedades sociales y necesidades que tradicionalmente aquejan al hombre, la familia - en su calidad de comunidad natural - es irreemplazable. De ahí que el legislador debe proteger esta comunidad. Además, tiene que dotar de derechos propios a este núcleo básico de la comunidad. El catálogo de los derechos de la familia contenido en el documento papal "Familiaris Consortio", es un ejemplo para ello.
Mientras más núcleos primarios naturales - es decir, familias - haya en una sociedad, menos necesidades sociales habrá en ella que aquejen al hombre.
- La sociedad como institución pluralista bien articulada
El hecho de que en una sociedad existan numerosas y bien organizadas comunidades que se basan en la solidaridad de sus miembros y la promueven, es una señal de la pluralidad humana y, a la vez, la garantiza. El hombre en su complejidad y multiplicidad es sujeto, creador y objetivo de toda actividad humana. Esta bien articulada pluralidad de la sociedad no debe ser restringida por ningún legislador (véase al respecto la encíclica "Quadragesimo Anno", nº 84). La actividad social, así como la política, no tienen su finalidad en sí mismas. Deben responder siempre al principio de subsidiaridad.
Mientras más alto sean en una sociedad el nivel de pluralidad humana y la cantidad de diferentes comunidades solidarias existentes, más digna será la convivencia humana en ella.
- La función social de la economía
El objeto de la economía consiste en poner a disposición los medios (bienes y servicios) para satisfacer de la mejor manera posible las necesidades básicas de las personas (alimentación, vivienda, vestuario). Por justicia, todas las personas deben tener la posibilidad de participar del uso de los bienes producidos. Esto significa que la economía está al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía. Esto significa que la dignidad del hombre como sujeto económico, con derecho propio a participar de la gestión y de la responsabilidad en el ámbito de la economía, debe ser respetada, fomentada y asegurada incondicionalmente por todos los involucrados, incluidos los legisladores. Las medidas legislativas deben favorecer, sobre todo, a las personas que trabajan en forma dependiente. Esto es aplicable tanto al área de producción como al área de servicios. La economía debe servir al hombre; no debe estar al servicio del poder político.
Mientras más humana sea la forma en que se organicen el trabajo y el proceso económico en una sociedad, menores serán las necesidades que sufran sus integrantes.
- El trabajo como fundamento de la existencia humana
En todas las sociedades - sean éstas industriales, agrarias o también sociedades de servicio post-industriales - el trabajo es la base para la existencia humana y para la seguridad ante las necesidades sociales. Esto significa que el trabajo está al servicio del hombre y no el hombre al servicio del trabajo. En este contexto, está surgiendo un nuevo concepto del trabajo, que lo entiende como una oportunidad para desarrollar la propia personalidad, para servir a la comunidad y para participar en la creación y transformación de las estructuras del entorno.
Sin embargo, toda una serie de condicionamientos, causas y contextos - como son, por ejemplo, el avance técnico, la apertura de fronteras y el libre acceso a los mercados, reducen, en forma progresiva, el trabajo entendido como empleo. Como consecuencia, aumenta el desempleo y debido a ello, disminuye la base para una existencia segura. Por esto, los desempleados y sus familias requieren, de manera especial, del apoyo a través de normas legales adecuadas.
Mientras menos desempleo haya en una sociedad y mientras más amplia sea la ayuda que reciban los desempleados y sus familias, tanto más asegurada estará en ella la base de la existencia humana.
- El hombre como sujeto del poder político
Con los conceptos que en este contexto se emplean, tanto respecto al hombre, como respecto a la sociedad y a la economía, son compatibles, exclusivamente, las formas democráticas de ejercer el poder político, sin perjuicio de las diferencias que pueda haber en la fundamentación de la democracia.
De esto se desprende que el poder político está al servicio del hombre y no el hombre al servicio del poder político. La dignidad humana y los derechos humanos, que incluyen la protección y el desarrollo de la vida humana, existen con anterioridad a cualquier poder humano y, por esto, su respeto es obligatorio para todo poder democrático o político. Son considerados hoy como piedra angular de cualquier ordenamiento jurídico y social de la convivencia humana en el Estado, y esto independientemente de la etapa de desarrollo en que se encuentra una sociedad. Tanto los legisladores de las naciones como los organismos internacionales deben garantizar la protección y seguridad de estos valores irrenunciables.
Mientras más asegurados estén dentro de un orden político la dignidad humana y los derechos del hombre, tanto en su contenido como en su aplicación, tanto más beneficioso en lo humano y en lo social será este sistema de convivencia humana.
- La paz es más que la ausencia de la guerra
La paz significa más que la ausencia de la guerra. La paz surge del respeto social y político a la dignidad humana y a los derechos del hombre. Debido a las interdependencias que existen a nivel mundial, este respeto debe incluir también la conservación de la naturaleza y un manejo responsable de los recursos naturales. Para los cristianos creyentes, la naturaleza es, además, obra del creador. Por eso, la paz significa un ordenamiento social que garantice al máximo y a todos los niveles, una convivencia humana sobre la base de la justicia. El esfuerzo político a todos los niveles debe estar dirigido a promover y convertir en realidad, siempre de nuevo, esta paz integral.
Mientras más íntegra y seriamente se promueva y se ponga en práctica la paz a nivel mundial, más humana será la convivencia en la comunidad universal.
V. La puesta en práctica de los contenidos esenciales
y sus requerimientos organizativos
- Como asociación de formación y acción, la Obra Kolping lleva a la práctica los contenidos mencionados en sus Federaciones Nacionales y en sus organismos internacionales, a través de una permanente entrega de informaciones acerca de la dignidad humana, los derechos del hombre y la protección y el desarrollo de la vida humana. Estas actividades de formación son acompañadas por las acciones pertinentes, organizadas hasta por las comunidades a nivel local - es decir, las Familias Kolping - que pertenecen a las distintas Federaciones Nacionales.
- Como comunidades y asociaciones de acción, las Familias Kolping, las Federaciones Nacionales y la Obra Kolping Internacional no se cansan de animar a sus miembros. para que participen activamente en sindicatos, en agrupaciones sociales, en partidos políticos y en organismos de la Iglesia haciendo presente los valores básicos de la doctrina social católica en beneficio de las personas que trabajan en forma dependiente.
- Como asociación social católica, la Obra Kolping se preocupa, por medio de sus miembros y de personas y organizaciones cercanas a la Obra, de que los contenidos pertinentes encuentren cabida en la legislación. A la vez, no cesa de exigir que las leyes que se aprueben, fomenten una convivencia humana digna.
- Como parte de la Iglesia, la Obra Kolping, tanto a través sus Federaciones Nacionales como en su calidad de asociación internacional, se esfuerza por llevar a la práctica - lo mismo en la Iglesia que en la sociedad y en organismos nacionales e internacionales - los principios de la doctrina social católica. Con este objetivo, la Obra Kolping trabaja, a todos los niveles y en todas las áreas, de forma mancomunada con todas las organizaciones y sus representantes que no estén en contradicción con su propio programa.
- Esto significa en concreto que sobre la base del programa y de las resoluciones de la Obra Kolping Internacional, las Federaciones Nacionales deben fomentar la motivación de sus miembros y capacitarlos permanentemente a través de seminarios y actividades de formación. Los documentos de la doctrina social católica son indispensables para la formación y la acción de los miembros. De la misma forma, las Federaciones Nacionales deben preparar - a todos los niveles - a sus miembros para que sean capaces de realizar un trabajo de conjunto con otras personas y organizaciones cercanas a la Asociación, de cultivar este tipo de cooperación, por medio de contactos e intercambios de experiencias y de divulgarlo en los ámbitos de la Iglesia, de la sociedad y de la política.
- Invocando a Adolfo Kolping, el contenido de estas directrices socio-políticas, publicadas por la Obra Kolping Internacional con miras a un mundo que se encuentra en permanente cambio, puede resumirse en el siguiente axioma programático: Mientras más respondan las leyes a la dignidad integral y a los derechos del hombre, más humanamente digna será la forma en que se estructure y se convierta en realidad la convivencia humana en todo el mundo.
Acordado por la XXVIIª Asamblea General, Sao Paulo / Brasil, marzo de 1992

|