¡Arraigados en Dios, actuamos en medio de la vida!

Discurso del Praeses General electo Axel Werner
ante la Asamblea General de la Obra Kolping Internacional

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas / México, 4 de Mayo de 2002
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Estimado Señor Cardenal:
Muy estimados Monseñores:
Estimados hermanos y estimadas hermanas Kolping:
Estimado y venerado Praeses General saliente, Mons. Heinrich Festing:

En una ciudad cuyo nombre es difícil de pronunciar y aún más difícil de escribir completo - ¡Intenten deletrear espontáneamente el nombre "Tuxtla Gutiérrez" correctamente! - se reúnen delegados de muchos países del mundo. A esta ciudad es difícil llegar, y no será tampoco fácil volver a salir de ella. Los mexicanos me perdonarán, si digo: Aquí, en este rincón alejado del mundo, se reúne la Familia Kolping del mundo entero para reflexionar sobre muchos temas y para debatir sobre aquello que la mantiene unida, más allá de las siete letras "K O L P I N G" y del famoso estandarte. ¡Al menos durante una semana, Tuxtla, esta ciudad al fin del mundo, estuvo en el centro del universo negro y naranja de Kolping!

Hoy, después de cinco días de trabajo con informes, emocionantes elecciones y debates acerca de programas futuros, podemos mirar - también con orgullo - en qué se ha convertido el intento que Adolfo Kolping lanzó hace más de 150 años en Elberfeld, Colonia y Düsseldorf.

El hecho de que a mediados del siglo XIX hubiera artesanos y trabajadores que no se sintieron como una ruedita más y sin voluntad propia dentro del engranaje del proceso de producción, sino que tomaron conciencia de su dignidad como hijos de Dios, se debe al pensamiento y a la voluntad, a la inquietud y al dinamismo, pero también a la oración y al sufrimiento de un artesano zapatero de la zona del Rin. A Kolping le debemos el hecho de que haya una respuesta humana o, mejor dicho, una respuesta digna del hombre, tanto al liberalismo perfeccionista como a un socialismo que sólo piensa en clases sociales.

Modestos fueron los comienzos que se dieron en Colonia en un día 6 de mayo de 1849, o sea, hace casi exactamente 153 años. Fueron sólo siete (casi un paralelismo bíblico) artesanos los que aceptaron reunirse para lanzar un proyecto que en la actualidad, más de siglo y medio después, está con más vida que nunca.

La idea inicial de reunir - sobre la base de su convicción cristiana común - a un grupo de hombres que fueran capaces de ayudarse a sí mismos, de apoyarse mutuamente y de impulsarse hacia adelante, hasta el presente no ha perdido nada de su actualidad y de su necesidad. Por esa misma actualidad y necesidad, ya en aquel entonces muy pronto se puso de manifiesto que el proyecto de Kolping no debía quedar restringido al territorio que actualmente denominamos Alemania.

¿Quién hubiera pensado en aquellos tiempos que con añadirse en la joven asociación al "Guten Tag" alemán los saludos "Grüss Gott" de Austria y "Grüerzi" de Suiza se había puesto en marcha un proceso que iba a tener consecuencias de tanta resonancia para la unión de los artesanos? Había nacido el intercambio entre los países, es decir, una internacionalidad que a partir de ese momento ya nada ni nadie fuera capaz de detener. Hasta el presente, esta internacionalidad nos ayuda a prevenir la estrechez de un espíritu provinciano en las propias filas y en las propias ideas. A la internacionalidad debemos agradecerle que no perdamos la mirada para ver las cosas importantes, más allá de nuestro propio horizonte. Adolfo Kolping fue quien marcó el rumbo, dando la pauta de unirse más estrechamente para poder enfrentar juntos los desafíos, una consigna que - especialmente en una sociedad pluralista allí donde ésta puede existir - no ha perdido en absoluto su vigencia. Más adelante en este discurso, volveré a hablar sobre este punto.

Queridas hermanas Kolping, queridos hermanos Kolping: Como muestra este encuentro, en los 150 años de su existencia, y en particular en los últimos treinta años, bajo la conducción de Heinrich Festing y de sus colaboradoras y colaboradores, Kolping aprendió a hablar muchos idiomas y a pensar y sentir más allá del horizonte europeo. En 1968, se sumó el "Bom dia" portugués brasileño a la familia lingüística de Kolping al iniciarse la "Acción Brasil" y luego, sucesivamente, se pudieron fundar Federaciones Nacionales en muchos países latinoamericanos.

También en Africa, Asia y en muchos países de Europa del Este, se pudieron difundir o renovar las ideas de Kolping. Hoy día, el estandarte negro y naranja de Kolping ondea en 53 países del mundo representando estas ideas, resumidas en los "pilares" de religión, trabajo, familia, recreación y compromiso cristiano en la política.

Cuando Heinrich Festing ahora, después de treinta años de mandato, deja el cargo, alrededor de medio millón de hermanas y hermanos Kolping lo llaman su Praeses General. Esta cantidad verdaderamente considerable de miembros también da cuenta de modo elocuente del trabajo infatigable del Praeses General saliente y de su equipo.

Sin embargo, señoras y señores, querida Familia Kolping, un cambio de mando siempre es un momento de transición que debe utilizarse para mirar hacia adelante. Heinrich Festing lo dijo en su informe de rendición: "La expansión ha llegado a su cenit. Lo que necesitamos ahora es la consolidación, es decir, un fortalecimiento interno de lo logrado". Al comenzar mi mandato, quisiera retomar esta constatación y presentarles, con la brevedad necesaria, lo que ella expresa para mí.

Resumiendo mi punto de vista, les repito la pauta ya mencionada de Adolfo Kolping: "Unirse más estrechamente para poder enfrentar juntos los desafíos." Naturalmente, esto no puede significar ni significará que recortemos la expansión de la Obra Kolping y con esto también la diversidad interna, que justamente es nuestro mayor tesoro. Por supuesto seguiremos buscando posibilidades de difundir las ideas de nuestro fundador en forma moderna. Ciertamente seguiremos buscando de modo cuidadoso nuevos grupos meta.

Ejemplos de grupos meta nuevos, apropiados para que Kolping se interese por ellos, podrían ser, por ejemplo, los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos y en Europa. También para los internos de las cárceles con su, digamos, realidad vital fuertemente limitada, la visión cristiana del trabajo podría ser interesante. Tenemos que preguntarnos también por qué no estamos presentes en los grandes centros urbanos como, por ejemplo, en la ciudad católica más grande del mundo, Ciudad de México. Otra interrogante posible será si no valdría la pena invertir más tiempo y dinero en el trabajo con y para las mujeres, porque estas son el pilar de la sociedad, en especial en este continente.

La expansión de la Obra Kolping a través de los continentes y los diversos ámbitos culturales ha contribuido desde siempre a enriquecer el trabajo de la asociación y esto debe seguir siendo así, aunque, naturalmente, no todo lo que se desea hacer también se puede hacer.

Una cosa, sin embargo, queridas hermanas y queridos hermanos Kolping, que no debe preocuparnos, es la eventualidad de que nuestros temas hayan pasado de moda, dado que el trabajo, la desocupación, la capacitación laboral y la motivación para el trabajo son temas candentes del debate social en casi todos los países del mundo. Pero hay otra cosa que también es segura y que no nos favorece: El mundo se ha vuelto más ruidoso y más estrecho y se hace cada vez más difícil hacer oír la respuesta cristiana a la "cuestión social". Se hace cada vez más difícil también, convencer a personas que esperan una solución urgente e inmediata a sus problemas, de que, en este terreno, la rapidez a menudo también significa superficialidad.

Se hace cada vez más difícil - y créanme, lo sé a partir de mi experiencia latinoamericana - volver a motivar a la gente, tantas veces engañada con promesas irresponsables y por esto desconfiada, a no resignarse. Esto será, en mi opinión, uno de los mayores desafíos que deberemos enfrentar como Obra Kolping Internacional.

¡Querida Familia Kolping! Los Estatutos Generales le asignan al Praeses General de manera específica la responsabilidad pastoral y espiritual por la Obra Kolping. Por eso, al iniciar mi mandato, quisiera recordarnos a todos muy especialmente nuestra tarea misionera como cristianos bautizados que trabajamos dentro de una asociación. Todos nosotros como bautizados hemos recibido de Cristo la tarea de acercarnos a las personas desde la profundidad de nuestra fe, llevando a Cristo a sus vidas o, mejor dicho, guiarlos hacia Cristo. Pero antes de dejarme enviar o de poder ser enviado, yo mismo necesito un fundamento firme para no tambalear al ser impactado por vientos en contra. Ese firme fundamento es para mí nuestra fe en Jesucristo, vivida en unión con su Iglesia. Promover este fundamento, fue el motivo por el cual Adolfo Kolping puso manos a la obra, y por vivir unido a Cristo y lleno de amor a la Iglesia, tuvo las fuerzas para hacer lo que hizo.

Una asociación como la Obra Kolping Internacional no es una iglesia dentro de la Iglesia ni tampoco una iglesia paralela o iglesia sustituta, sino un miembro del cuerpo que es la Iglesia de Jesucristo, miembro vivo y solidario, pero no carente de voluntad ni de voz.

En vista de los desafíos que debemos enfrentar, realmente necesitamos estrechar filas para no tambalear al ser impactados por vientos en contra. El paradigma Kolping expresa lo mismo en tres conceptos: Pensar unidos, actuar unidos, presentarnos unidos ante la opinión pública.

Para poder vivir y actuar como cristiano, hace falta amar a la Iglesia. Esto no quiere decir que no pueda haber divergencias de opinión. Sin embargo, la discusión llega a los límites de su legitimidad allí donde viola, destruye o cuestiona la unidad en sus fundamentos. Atengámonos entonces a las palabras de San Agustín: "Ama y después haz lo que quieras." Así dispuestos, podemos enfrentar confiados nuestras tareas.

Nadie entre nosotros negará que haya desafíos más que suficientes. A continuación quisiera hacer referencia a tres de ellos en particular.

En primer lugar, existe el círculo vicioso de falta de educación, desocupación, falta de oportunidades y criminalidad, que no sólo aquí en América Latina constituye una espiral que gira en forma cada vez más vertiginosa. Durante los siete años que viví en América Latina aprendí que la pobreza en sí no hace que nadie se vuelva criminal. Lo que mueve, por ejemplo, a los jóvenes a abandonar "la senda de la ley" es la permanente falta de oportunidades, a la que están condenados amplios sectores sociales en muchos países. Lo que los hace salirse del orden - un orden que no les trae nada sino que, como máximo, no hace más que perpetuar su situación - es la falta de perspectivas a la que están condenados.

En las sociedades latinoamericanas, la globalización - mirada de manera más bien superficial - parece empalmar con el empuje modernizador de las décadas del 60 y del 70. Sin embargo, como peligros de la globalización - en especial desde la perspectiva de los jóvenes - se muestran claramente la fragmentación del mundo en el que las personas concretas están inmersas y la pérdida de las formas tradicionales de la ética. En los jóvenes que viven en los sectores marginales de las grandes ciudades y en el campo, en la juventud indígena y, ante todo, en las mujeres jóvenes y también en las mujeres en general, se evidencia la cara fea de la globalización en forma de una creciente exclusión de amplias capas de la población de los posibles beneficios de los procesos globalizadores, debido al aumento de la pobreza, a la falta de formación y a la consiguiente desocupación.

Las injusticias estructurales - como, por ejemplo - la calidad deficiente de las escuelas públicas, la falta de voluntad de los docentes y los aranceles demasiado altos a nivel de las escuelas privadas - sencillamente impiden el acceso de los alumnos más pobres a los recursos educativos. Muchos menores deben abandonar la escuela para ayudar a sostener a sus familias a través del trabajo, y esto a pesar de todas las prohibiciones del trabajo infantil. Además, un mínimo de educación escolar no garantiza en absoluto una preparación laboral. Muchos países carecen totalmente de un sistema de escuelas profesionales y con frecuencia parece faltar voluntad política para llevar a cabo programas de formación profesional dirigidos a los jóvenes procedentes de las capas de población más pobres.

Hay muchas causas que impulsan la mencionada espiral, que es muy difícil de parar una vez que se ha puesto en movimiento. Es aquí, queridas hermanas y hermanos Kolping, donde debe seguir interviniendo nuestro trabajo. No se trata, en primer lugar, de cumplir viejos clichés de "alimentar con obras de caridad a nuestros hermanos y nuestras hermanas lamentablemente tan pobres del Tercer Mundo". Se trata, sobre todo, de "hacer temblar el muro de la injusticia". ¡Esa es nuestra tarea!

Lo más importante en este contexto será contribuir a liberar especialmente a los jóvenes del círculo vicioso de la pobreza, de la alienación y de la criminalidad. Los obispos latinoamericanos reconocieron esta problemática en 1968 durante sus deliberaciones en la ciudad colombiana de Medellín y la asumieron decididamente, añadiendo a la "opción por los pobres" una clara "opción por la juventud". En la declaración final de Medellín, la Iglesia se compromete a participar en la creación de una sociedad democrática, justa e integrada en América Latina. En esta tarea tenemos que estar presentes también nosotros, hermanas y hermanos Kolping, ayudando - con "el corazón y la acción", según las palabras de nuestro fundador - a que este gran emprendimiento no quede en el camino. Enfrentar este desafío debe seguir siendo una de nuestras preocupaciones prioritarias.

En segundo lugar hay que constatar que a comienzos del siglo XXI no sólo nos vemos confrontados con desafíos conocidos y esperados, sino también con retos nuevos que han surgido. Habría que nombrar aquí el terrorismo y como consecuencia, el diálogo cada vez más difícil con el Islam. Hay Familias Kolping directamente - aunque de distintas maneras - afectadas por esta temática.

En Tierra Santa podemos observar que la injusticia estructural de décadas y la falta de oportunidades, sumada al radicalismo, han producido una mezcla altamente explosiva que usando pretextos religiosos, lleva a cometer locuras. En países como la India, Sri Lanka e Indonesia, al fundamentalismo religioso se le suma un fundamentalismo étnico que dificulta más aún nuestro trabajo. Y es un hecho que también en la América Latina católica el compromiso en favor de la paz y la justicia pueden costar la cabeza"; lo muestran claramente tanto los acontecimientos de la historia antigua y reciente de México y Brasil, como, entre otros, los asesinatos de obispos en San Salvador, Guatemala y, más recientemente, en Cali, Colombia.

También en Cuba se evidencia nuevamente un estilo más hostil de las autoridades estatales frente a la Iglesia, después de la distensión que se había notado por motivo de la visita del Papa. Junto con el terrorismo abierto que domina Colombia, también los aterrizajes económicos forzosos de países como Ecuador, Argentina y Venezuela ponen de manifiesto que en el continente que actualmente acoge esta asamblea, aún existe una gran inseguridad acerca del camino a elegir para llegar a la meta.

A esto se agrega el aumento permanente de la actividad de las sectas en América Central y del Sur. Aquí en Chiapas puedo observar lo dicho muy de cerca y también durante mi estadía en Brasil pude convencerme de la actualidad de esta problemática.

En este contexto, precisamente, el hecho de que cristianos católicos - organizados como Familias Kolping en pequeños grupos dentro de las estructuras de la Iglesia - se ofrecen para acompañar a las personas no sólo con oraciones sino también con apoyo concreto, representa una dimensión importante de nuestro trabajo misionero, ya que aumenta considerablemente la credibilidad de la Iglesia - es decir, nuestra credibilidad - a los ojos de mucha gente. Sólo así se puede ganar terreno frente a las sectas y a los grupos parecidos a ellas.

Desde mi punto de vista, merecen especial apoyo nuestros hermanos y nuestras hermanas Kolping en los países donde dominan la religión y la cultura del Islam. No sólo los conflictos políticos que presenciamos en los últimos meses del año pasado, demuestran que el diálogo se está haciendo más y más difícil. Sin duda, el Islam es una voz que se hace oír con cada vez mayor fuerza cuando se trata de discutir modelos alternativos de orden social. Se trata de un proceso que está en marcha desde hace tiempo, pero que, lamentablemente, recién a causa de los ataques terroristas de septiembre de 2001 fue advertido por amplios sectores de la sociedad occidental. No respaldo ni apoyo la idea de una lucha o guerra "de las culturas y religiones", tan publicitada por el politólogo estadounidense Samuel Huntington, pero sí es de mi particular interés fortalecer de manera especial a los hermanos y las hermanas Kolping, que viven en medio de un contexto religioso y cultural que les obliga permanentemente a defender su fe en Jesucristo.

"¡Jesucristo, Hijo de Dios, es la verdad mundial más grandiosa que poseemos!" Hubert Tintelott citó esta frase de Adolfo Kolping en su informe. En el contexto que acabo de describir, estas palabras no sólo adquieren un significado especial, sino que deben darnos fuerza y coraje para seguir avanzando por nuestro camino. Será un camino de un "diálogo crítico-constructivo", en cuanto nuestros interlocutores lo admitan. Acompañar este camino sin perder de vista esa verdad grandiosa, será una tarea importante de la Obra Kolping Internacional en el futuro.

Un tercer desafío que debemos enfrentar es la recuperación de la competencia religiosa en Europa y en Alemania, también y justamente la de nuestros propios miembros.

Hace algunos meses, un análisis comparativo internacional que se llevó a cabo en los colegios europeos, causó un gran revuelo. Este análisis, denominado "PISA", demostró que los niños y los jóvenes alemanes presentaban considerables falencias en la lectura y la escritura. La consecuencia fue una fuerte reacción en la sociedad y a nivel político, y en el tiempo que siguió a la publicación de los resultados, llovieron sobre Alemania innumerables propuestas de mejora. Así las cosas no pueden seguir, se dijo a lo largo y a lo ancho del país. Para mí, sin embargo, hay otra emergencia educativa que genera mucho menos preocupación en la sociedad. Con esto me refiero a la deficiencia de la formación religiosa.

En realidad, no son sólo jóvenes, sino también adultos, los que padecen en el ámbito de la religión "graves falencias" para desenvolverse. Si hubiera un test PISA religioso, sus resultados serían nefastos, por lo menos para amplias partes de Europa Occidental. Una gran parte de la población ha quedado estancada en una etapa infantil de su fe.

Las representaciones infantiles de Dios no superadas, dificultan la fe en sí misma. La discusión sobre el futuro intelectual y espiritual de nuestra sociedad europea ya está en marcha y, como cristianos, corremos el riesgo de no ser incluidos ni escuchados en el concierto de las propuestas. Cuanto más - y esto con razón - se abren nuestras sociedades europeas a una inmigración de carácter multicultural, tanto más se pone de manifiesto el vacío de cosmovisión espiritual que se ha generado y que debe ser llenado de nuevo.

En esto como Familia Kolping tenemos ante nosotros un campo crucial para trabajar. Así como, en su época, la voz de Adolfo Kolping contribuyó a que - entre ideas liberales y socialistas - pudiera ser escuchada la respuesta cristiana, en la actualidad será nuestra tarea, por cierto nada fácil, no sólo contribuir a que - en medio de tantas alternativas que están en boga - se redescubra el camino cristiano, sino también ayudar a los que buscan, a que encuentren este camino para salir de su marginación religiosa y social. Ser cristiano misionero hoy significa para mí específicamente ayudar a las personas a tener una fe nueva, adulta, moderna y competente. Aquí, queridas hermanas y queridos hermanos, nos encontramos ante una temática cultural y educativa cuya relevancia es de primer nivel.

Adolfo Kolping quiso fortalecer determinantemente esta competencia religiosa en "sus" jóvenes artesanos. Y también todos nosotros estamos llamados a estudiar en detalle nuestra fe. ¿Qué quiere decir "resurrección"? ¿Qué entendemos al hablar de "vida eterna"? ¿Qué significan las dos naturalezas - la humana y la divina - en Jesucristo? ¿Cómo actúa Dios en el mundo? ¿Qué es un sacramento? ¡En todo esto nosotros, los europeos, podemos aprender mucho de la religiosidad de otros continentes!

Ampliando un poco lo que dijo aquí nuestro Praeses Nacional de Brasil, Padre Paulo Link, quisiera decir: Donde se practica y se medita la fe cristiana, donde se motiva y se prepara a la persona a reconocer el valor del trabajo, donde las actividades de tiempo libre y del ámbito cultural se integran con la práctica religiosa y el trabajo cotidiano, allí están dadas las condiciones para construir con éxito el "pequeño mundo de la familia" y para comprometerse a mejorar el "gran mundo", es decir, la sociedad.

Esto, queridos hermanos y queridas hermanas Kolping, es para mí un incentivo para hacer realidad - en nuestra sociedad moderna y tan diferente - la visión de nuestro padre fundador, Adolfo Kolping,.

Para terminar, queridos amigos Kolping, déjenme decir una cosa. No cabe duda que el nuevo Praeses General recibe de su antecesor una casa bien ordenada. Heinrich Festing ha dejado huellas y vale la pena seguirlas. Entre otras cosas, fue su credibilidad como persona y como sacerdote la que logró entusiasmarme en corto tiempo por aquello que llamamos en forma resumida "Kolping", aunque relacionamos tantas cosas con esta expresión. La confiabilidad y autenticidad del Praeses General saliente constituyen exigencias muy altas para su sucesor.

Querido Heinrich: Muchos en este salón y muchos más en los países que visitaste tan incansablemente, te consideran su "hermano mayor" en el puesto de mando, un hermano mayor cuya autoridad está reconocida, un hermano del que se sabe que lo quiere a uno y no lo abandonará. Te aprecian como hermano mayor que soporta también que uno, de ser necesario, se le oponga alguna vez. Yo te he conocido en poco tiempo como ese hermano mayor y te lo agradezco de todo corazón.

Me preocuparé en el futuro por conducir a la Obra Kolping Internacional como una asociación en que se valoren especialmente la convivencia y colaboración sobre la base del mutuo respeto. Esto significa para mí que todos los que estén interesados en el progreso de nuestra asociación, deben tener la disposición al diálogo. Quiere decir para mí también que nos esforcemos por aprender a cultivar nuestro interés por el otro y por su opinión.

Quien quiera trabajar en esta forma, debe ser flexible, debe entender que las soluciones o las vías de solución que se dan en Alemania pueden no conducir en absoluto a las metas anheladas, por ejemplo, en México o en Sri Lanka. Ser flexible quiere decir, entender que una mentalidad distinta también resuelve los problemas de un modo distinto. Créanme, después de siete años en América Latina sé que a menudo se requiere de mucha paciencia para entender este hecho.

Además, esta forma de trabajar requiere de transparencia. Debemos estar en condiciones de poder explicarle a nuestra contraparte qué es lo que hago, cuándo lo hago y, ante todo, por qué lo hago. No debemos construir "pueblos fantasma" en nuestros proyectos, cuyas fachadas sólo se utilicen para las visitas oficiales y después queden tan sólo a la espera de su demolición. Detrás de esas fachadas todo es hueco y corrupto. En ese sentido, debemos ser honestos, en primer lugar, frente a nosotros mismos.

Un trabajo en conjunto sobre la base del mutuo respeto, queridas hermanas y queridos hermanos, vive del contacto personal, a veces también de la controversia entre las personas involucradas. Quien desee fortalecer el trabajo con estas características, debe estar dispuesto al encuentro personal. En una asociación internacional esto puede costar mucho tiempo, significar viajar mucho y demandar muchas energías. A pesar del fax, del teléfono, de internet y del correo electrónico, he aprendido en América Latina que un problema se resuelve mejor y más rápidamente reuniéndose personalmente y mirándose a los ojos.

Con razón, estimados invitados y queridos delegados, la Obra Kolping espera que del cargo del Praeses General emane calidad espiritual. El Praeses General puede y debe ser pastor en el sentido más amplio de esta palabra. El pastor de almas - tal como el pastor de ovejas - está unido a su rebaño, pero las ovejas que pastorea no le pertenecen sino que se le han confiado por un tiempo determinado.

Me siento aliviado al saber que no tengo que enfrentar solo esta tarea, porque solo no podría hacerlo. Sé que todas las personas que siguiendo a Adolfo Kolping en cualquier parte del mundo colaboran en la Obra Kolping, tanto ad honórem, como en calidad de funcionarios, compartirán conmigo mi tarea.

Todos tenemos una cosa en común:
¡Arraigados en Dios, actuamos en medio de la vida!


Muy queridas hermanas y muy queridos hermanos:
Ich danke Ihnen allen für Ihr Vertrauen!
Agradeco muito pela confianca que depositam em mim!
I like to thank you for your trust and confidence!
Je vous remerci pour votre confiance!
¡Les agradezco su confianza!

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