Después de más de treinta años, un nuevo Praeses General asume su cargo aquí en Colonia. En ese tiempo el mundo, la sociedad y la Iglesia se han transformado. En ese tiempo, evidentemente se han transformado los seres humanos, sus valores, aquello que consideran importante. Si hace treinta años todavía se luchaba apasionadamente por las tendencias políticas en la sociedad y en la Iglesia, en la actualidad predomina la lucha contra la pérdida de valores, la pérdida de la fe y la indiferencia. Disminuye cada vez más la cantidad de personas acostumbradas a reflexionar y evaluar críticamente los cambios que se producen en la sociedad, mientras aumenta en igual proporción la cantidad de aquellos que prefieren dejarse distraer por la "sociedad del entretenimiento" propagada hace poco. En el peor de los casos, habrá que dudar si una sociedad que sólo se vuelve razonable en situación de shock, es en sí capaz de sobrevivir. Pero, sin duda, habrá aún otras oportunidades para hablar de este tema. En todo caso, de una cosa podemos estar seguros: El Occidente otrora cristiano, ya no se puede denominar cristiano de por sí y sin restricciones. Además, hay que ser cuidadoso con los programas o las ideas que llevan la etiqueta de "cristiano", pero cuyo contenido a menudo no se corresponde con esta auto-denominación. Cuando se habla de la imagen cristiana del ser humano, no es tan seguro que realmente se la esté invocando verdaderamente. Esta es la situación, estimadas señoras y señores, ante la cual nos encontramos como Obra Kolping. Así es la vida y nosotros en Kolping enfrentamos esta vida. Como Kolping la enfrentamos ahora y la enfrentaremos también en el futuro.
Déjenme que profundice un poco más en esta idea, importante también para Kolping. La afirmación bíblica acerca del ser humano tiene una orientación clara. El ser humano es una criatura divina, el ser humano es deseado y amado por Dios, el ser humano es responsable por este mundo y su orden. La vida humana no está a disposición, el ser humano no es el amo de la vida y la muerte. Ni al comienzo ni al final. Y la discapacidad no puede ser un accidente indemnizable [*]. También la libertad de los hijos de Dios a la que se alude a menudo en este contexto, nunca es libertad respecto de algo, sino siempre es libertad para algo. Para poder poner en práctica esa libertad de los hijos de Dios en la sociedad, Cristo quiso su Iglesia, una Iglesia como comunidad llena de vida y dadora de vida, en la que Él mismo sigue vivo y presente. Por eso, señoras y señores, la fe cristiana siempre es más que la mera conciencia moral de una sociedad del entretenimiento que a menudo sólo se acuerda del cristianismo y de sus representantes oficiales cuando se encuentra ante preguntas que no se pueden contestar siguiendo el principio de placer.
Los cristianos, y por lo tanto también los hermanos y las hermanas Kolping, son seres humanos que ven un sentido en su vida y le dan a la vida una orientación a partir de la fe revelada en Jesucristo. Apoyarnos mutuamente y avanzar juntos en este camino, es nuestro cometido como cristianos y como miembros de una asociación católica que considera que su tarea consiste en hacer brillar de modo especial el rostro de Jesucristo en la sociedad. Debemos estar de acuerdo respecto de este principio fundamental porque, de lo contrario, no podremos sobrevivir en el concierto de las cosmovisiones que quieren imprimir su sello a nuestra sociedad. Eso es lo que quise decir, cuando en México - en el discurso que pronuncié al momento de asumir el cargo - expresé: "En Kolping, debemos acercarnos más los unos a los otros para poder enfrentar los desafíos."
En ese contexto, quisiera expresar ahora algunos contenidos fundamentales para nosotros como Obra Kolping. Los conceptos de "vida cristiana" o de "imagen cristiana del hombre" aparentemente requieren de una nueva definición que, en realidad, es muy antigua. Es que cada vez se pone de manifiesto con mayor claridad que la vida implica - mucho más allá de la mayor participación posible en las supuestas ventajas de la sociedad del entretenimiento - también atravesar y vivir realidades amargas. Para cada vez más personas, vivir significa disponer de cada vez menos dinero, menos trabajo, menos posibilidades de tener una familia, menos posibilidades de cobertura en la vejez, menos posibilidades de un seguro de salud. Por lo tanto, el apoyo cristiano para lograr una mayor calidad de vida, como quiere brindarlo Kolping, no consiste en facilitarles a las personas un mayor aprovechamiento de la sociedad del entretenimiento, sino que significa ayudarles a desarrollar capacidades que les permitan asumir responsabilidad por su propia vida y por la vida de otros.
Otro punto que quisiera mencionar esta mañana es la perspectiva cristiana respecto de la célula base de la sociedad a la que denominamos familia. La Obra Kolping se concibe como defensora de la familia cristiana. Adolfo Kolping nos legó demasiadas frases como para que sus sucesores y colaboradores podamos pasarlas por alto o desoírlas. Frases como "La raíz de la humanidad es la familia" o "Los padres son el libro viviente según el cual se debe y se tiene que educar a los hijos", nos obligan a esforzarnos especialmente en este ámbito de trabajo. Nadie que quiera ser tomado verdaderamente en serio, duda del valor de la vida familiar para una sociedad. Según el principio de subsidiariedad, la familia fuerte debe ser la instancia que promueva y apoye al individuo, entregándole en primer lugar aquello que no está en condiciones de realizar él solo. Mucho podría agregarse a este tema, que lleva a que cristianos y ateos, fieles e infieles apoyen a la familia como célula base de la sociedad. El valor de la familia es indiscutido. Ella, la familia, es el núcleo natural y fundamental de la sociedad. Ella es la célula primaria de la vida social. En este contexto me remito a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y también al Catecismo para Adultos, documento publicado en 1985 por la Conferencia Episcopal alemana. Pero para nosotros, como asociación católica, debe estar en un primerísimo plano el fortalecimiento de la familia cristiana, que es mucho más que el grupo de personas que "comen las mismas cosas de la misma despensa"; es recién la familia cristiana la que me brinda toda la plenitud de la vida. Aprendo a confiar, aprendo a creer, aprendo a orar. Estas tres cosas quieren decir: aprendo a vivir. Estos son los tres pasos esenciales de una familia cristiana. La política familiar cristiana no puede consistir en buscar caminos para entregarle lo mas rápidamente posible los hijos al Estado. Seguiremos trabajando una y otra vez para poner de relieve lo que significa la familia cristiana, lo que significa la paternidad cristiana. Seguiremos insistiendo para que la normalidad actual no se convierta en norma.
Estimados amigos y estimadas amigas Kolping: No dejaremos que nos coloquen como los eternamente anticuados en el rincón polvoriento de aquellos que quieren atar a las mujeres a la cocina, la iglesia y los hijos. Pero con gusto admitiremos que ya hace tiempo los cristianos tuvimos la idea de que la maternidad también significa hacer fuertes a los demás, acompañarlos y brindarles coraje y esperanza. Es prácticamente la vocación materna, generar una atmósfera de confianza y de amor en la familia. No nos resignaremos a que nos consideren el último reducto de un patriarcado reaccionario, sino que en una pastoral masculina específica, transmitiremos la imagen cristiana del padre que hace progresar a la familia. Adolfo Kolping ve las cosas con gran claridad al decir: "La salvación del género humano comienza en la familia". Si, según Kolping, los padres son "libros vivientes", entonces tenemos que hacer todo para que nuestros hijos al leer los libros de vida que somos nosotros, puedan aprender lo apropiado. Nunca, sin embargo, estimados hermanos y estimadas hermanas Kolping, deberemos dejar de interesarnos por aquellos que no se correspondan con nuestra norma de familia cristiana. Por algo somos Kolping, y en este contexto me permito volver a citar una frase del Praeses Federal Ludwig Zack [**]: "Kolping está y seguirá estando del lado de aquellos que llevan solos una doble carga". Justamente como Familia Kolping debemos hacer todo lo que esté en nuestras fuerzas, para que también las madres y los padres que crían solos a sus hijos puedan vivir con ellos aquello que hace valiosa a la familia. Apoyar a los marginados y los perjudicados es la mejor tradición cristiana. En esto, ciertamente podemos remitirnos al mismo Jesucristo. Y en esto radica un especial potencial de nuestra espiritualidad Kolping. Sin duda, en este terreno aún no hemos agotado nuestras fuerzas ni nuestras posibilidades.
Hay un tercer punto, señoras y señores, que quisiera destacar todavía especialmente esta mañana. Me refiero a nuestro trabajo internacional. Si Kolping debe enfrentar la vida, entonces en la Obra Kolping debemos ser conscientes de que nuestro trabajo internacional no puede llevarse a cabo con autosuficiencia alemana. Con orgullo podemos ver el hecho de que una idea que ahora da frutos en todo el mundo, haya nacido en Alemania. Pero esta idea sólo da frutos, y solo podrá darlos en el futuro, porque Kolping ha aprendido a hablar otros idiomas. Kolping habla español, portugués, inglés y, tal vez en un futuro cercano, también francés. Pero no hemos aprendido estos idiomas en primer lugar para crearles un nuevo mercado a nuestras ideas alemanas, austriacas y suizas. Aprendimos estos idiomas para entender las preocupaciones de nuestras amigas y nuestros amigos en otros continentes y para buscar juntos caminos y soluciones. De ese modo, también los padrinos se convierten en contrapartes. El nuevo Praeses General fue electo con votos provenientes del denominado Tercer Mundo, seguro que también en la esperanza de tener un oído abierto a las necesidades de América Latina, África y Asia.
Me temo, mis estimadas hermanas y estimados hermanos Kolping, que nuestras tareas a nivel internacional no disminuirán. Las consecuencias de la globalización industrial han dejado sus huellas, que en realidad deberían llamarse cicatrices. La pérdida de un contexto social hogareño y acogedor y la destrucción de culturas sólo constituyen algunas de las terribles consecuencias de un capitalismo salvaje. Nuestros hermanos y nuestras hermanas Kolping en los países islámicos merecen nuestro especial apoyo. No sólo las complicaciones políticas de fines del año 2001 demuestran que aquí el diálogo se hace cada vez más difícil. Sin duda, el islamismo es una voz que se hace escuchar con cada vez mayor fuerza cuando se trata de debatir modelos alternativos de un orden social. Se trata de un proceso que ya se viene dando desde hace bastante tiempo, pero del que amplios círculos de la sociedad occidental recién tomaron nota después de los ataques terroristas de septiembre de 2001. En otras partes del mundo, también los sistemas comunistas y poscomunistas dificultan el trabajo asociacional católico. Europa del Este, Cuba y Vietnam son ejemplos claros de ello. No siempre todo es fácil. La planificación y puesta en práctica de los proyectos es a menudo dificultosa y el éxito duradero no siempre está garantizado. Muchos de nosotros hemos tenido que atravesar este tipo de experiencia. Pero yo sigo convencido del principio en que se basa nuestro trabajo: Brindamos ayuda para la autoayuda. No regalamos pescado: Proveemos de cañas de pescar y enseñamos a pescar con ellas. Para eso necesitamos de toda la experiencia de las colaboradoras y los colaboradores de la Obra Kolping Internacional en todo el mundo, uniendo así en forma concentrada y en el lugar acertado nuestras limitadas fuerzas. También desde el punto de vista estructural, nuestro trabajo se ha vuelto internacional y admitimos que esto lo ha hecho algo más difícil. Por primera vez, a través de la elección de Father Roland Pasensie, proveniente de Sudáfrica, y del Sr. Carlos Mattos de Bolivia, el Directorio General tiene una composición trilingüe. Nos sigue preocupando también el financiamiento de los programas para la promoción y el acompañamiento del trabajo. Al momento de solicitar donaciones, la ayuda a corto plazo en caso de catástrofes es mucho más popular que el trabajo a largo plazo en nuestros proyectos. En este terreno tendremos que elaborar nuevas estrategias.
Señoras y señores: Asumo hoy mi cargo con alegría, con algo de orgullo, con escepticismo en cuanto a si soy la persona indicada, pero ante todo con un gran respeto por la tarea de toda una vida realizada por el séptimo sucesor del Beato Adolfo Kolping, Monseñor Heinrich Festing. A través de él experimenté yo, experimentamos todos nosotros, la entrega sacrificada a la causa de Kolping. Me honra profundamente poder ser su sucesor.
Querido Heinrich, como Praeses General pasas ahora después de treinta años al merecido retiro, que no significa inactividad. Como Praeses General Emérito estarás siempre bienvenido en Colonia, porque para ti vale lo mismo que para todo nuestro trabajo Kolping como ayuda para la autoayuda: "Keep your hands off, but remain keeping your eyes on" - para traducirlo en forma no del todo precisa: Ya no necesitarás poner manos a la obra, pero sí mantener los ojos puestos en la tarea. Muchas cosas no han podido decirse hoy, al comienzo de un nuevo período dentro de la Obra Kolping Internacional. A Brecht y a Ionesco, que dijeron que "el mundo ha perdido el rumbo" y que "ya no sabemos el camino", nosotros les oponemos a Adolfo Kolping, con cuyas palabras quiero terminar: "Sigan adelante con coraje. Dios proveerá el futuro". Y además: "El futuro mejor lo traerá la religión. Y, por eso, el futuro está de nuestro lado". Nosotros somos Kolping y como tales, arraigados en Dios, enfrentamos la vida.
Muchas gracias
[*] Esta frase alude a las querellas judiciales interpuestas en Alemania, Francia y otros países de Europa Occidental por algunas mujeres o algunos matrimonios que exigen que un centro médico les pague una indemnización por no haberle avisado a la mujer durante su embarazo que el niño venía con problemas, argumentando que si hubieran sabido que el niño por nacer tuviera alguna discapacidad, lo habrían abortado a tiempo. - Nota del editor
[**] Praeses Nacional de la Obra Kolping Austria. - Nota del editor
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